Con el término relativismo nos referimos, en general, a toda posición filosófica que niega la existencia de verdades absolutas, ya sea en el ámbito del conocimiento, de la moral o de la metafísica.
El relativismo es la posición filosófica de que todos los puntos de vista son igualmente válidos, y de que toda la verdad es relativa al individuo. Esto significa que todas las posiciones morales, todos los sistemas religiosos, todas las formas de arte, todos los movimientos políticos, etc., son verdades que son relativas a los individuos. Bajo la sombrilla del relativismo, todos los grupos de perspectivas son categorizados. En términos obvios, algunos son:
- Relativismo cognitivo (Verdad): El relativismo cognitivo afirma que toda la verdad es relativa. Esto significaría que ningún sistema de verdad es más válido que otro, y que no existe ningún objetivo estándar de verdad. Naturalmente, esto negaría la existencia de un Dios de verdad absoluta.
- Relativismo moral/ético: Toda moral es relativa al grupo social dentro del cual ésta se construye.
- Relativismo situacional: Las éticas (correctas y equivocadas) son dependientes de la situación.
Algunas expresiones típicas que revelan una presuposición subyacente del relativismo son comentarios tales como: “Esa es su verdad, no la mía.” “Esto es verdad para Usted, pero no para mí.” “No existen las verdades absolutas.” Claro está, estas declaraciones son ilógicas, lo cual demostré en el artículo “Refutando el relativismo”. El relativismo está invadiendo nuestra sociedad, nuestra economía, nuestros colegios y nuestros hogares. La sociedad no puede florecer ni sobrevivir en un ambiente donde todo lo que una persona hace es correcto ante sus propios ojos, donde la situación determina las acciones, y si la situación cambia por mentir o engañar es aceptable—en la medida en que Usted no sea capturado. Sin un fundamento común de la verdad y de los absolutos, nuestra cultura será débil y se quebrará.
Sin embargo, debo admitir que existen algunos aspectos del relativismo válidos. Por ejemplo, lo que una sociedad considera correcto—manejar al lado izquierdo de la carretera—otra, la considera equivocada. Estas son costumbres a las cuales un “bueno y malo” está agregado, pero estos son puramente relativos y no universales ya que estos son basados en la cultura. El principio de la crianza de los hijos varía en las diferentes sociedades, como las prácticas en los funerales y en las ceremonias matrimoniales. Estas “formas buenas y malas” no están establecidas cósmicamente en una piedra ni tampoco se derivan de algunas reglas absolutas de conducta por algo dios desconocido. Estas son relativas y con razón. Pero el relativismo de éstas está afirmado como tal. No importa en qué lado de la carretera manejamos en la medida en que todos lo hagamos en la misma vía.
Para transmitir valores, para educar, lo primero que hay que hacer es superar el relativismo. Esa es la gran obligación nuestra como padres, como profesores y como ciudadanos responsables: saber cuál es el modelo ideal de persona que tenemos que poner delante de las nuevas generaciones, aclararnos sobre lo que queremos transmitirles. Si renunciamos a priori a transmitir una idea clara sobre en qué consiste ser buena persona les privamos del derecho a intentar ser buenas personas y, por tanto, renunciamos a educar.
LA FUNCIÓN Y EL SENTIDO DE LAS NORMAS
Las normas tienen un sentido
protector y son límites que establecen criterios de actuación, y la disciplina
no es si no otra herramienta más de los educadores para educar a la persona en
valores y actitudes que más adelante le permitirán ser un miembro adaptado y
bien integrado en la sociedad.
EL SENTIDO POSITIVO DE LAS NORMAS
Cuando damos normas y pautas
claras estamos proporcionando certidumbre, predictibilidad y estabilidad, y
estamos satisfaciendo una de las necesidades básicas del ser humano, la
necesidad de sentirse seguro y protegido y además estamos ayudándole a
estructurar su psique.
Las normas son como la vaya que
rodea el patio del colegio. Con límites adecuados el niño se siente seguro,
cuidado, libre para explorar y descubrir quien es y quienes son los otros, que
está permitido y que no. Si los límites no son seguros o no existen el niño se
vuelve cauto, limita su espontaneidad y su curiosidad, se siente inseguro y
descuidado por sus figuras cuidadoras y si los límites son demasiado rígidos el
niño se vuelve pasivo, se sobreadapta o bien se vuelve rebelde como una forma
de obtener la atención.
LAS NORMAS NO NEGOCIABLES
Las personas aprenden a sentirse
seguros siguiendo y obedeciendo algunas normas no negociables. Estas son
órdenes o límites de conducta que se le dan al niño para salvaguardar su
bienestar físico, psicológico y emocional. Un ejemplo de ello sería en un niño
pequeño no dejarle ir por la casa con unas tijeras en la mano o no dejar salir
a un niño de 12 años por la noche de copas. Algunos ejemplos de reglas no
negociables a nivel social serían no conducir bebido, los límites de velocidad,
etc.
LAS NORMAS NEGOCIABLES
Son aquellas que son acordadas
mutuamente por el niño y el educador. A veces evitamos negociar normas porque
creemos que es mostrar debilidad, pero es todo lo contrario. Cuando negociamos
normas estamos transmitiéndole al niño que sus opiniones son importantes y le
estamos enseñando y dando permiso a pensar con claridad y a expresar su
desacuerdo. Negociar estimula al niño a asumir responsabilidad y buscar nuevas
informaciones y argumentos.
Un ejemplo de regla negociable es
que ha de dormir en casa el fin de semana pero si es una circunstancia especial
y están los padres de su amigo que le ha invitado puede ir un día a dormir a su
casa.
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